Etimológicamente la palabra Aikido está compuesta por tres vocablos japoneses:

AI – Refleja toda noción de encuentro, de unión, armonía, amor.. al principio entre ambos oponentes hay una oposición que es necesario eliminar, de ahí que no exista el concepto en sí de defensa personal en Aikido...como ataque y defensa sino que es una complementariedad (extraído de los términos del ying-yang), es un Uno , un Todo, un único movimiento regenerador entre ambas partes
KI – Es un concepto de difícil traducción para nosotros, los occidentales. Podríamos decir que es la energía vital que anima a todo ser vivo. La presencia de espíritu.
DO – Es la forma o camino espiritual que nos lleva al estudio del Aiki. Es, en sí, la enseñanza, el método.

Por tanto, el sentido de la palabra Aikido podríamos considerarlo como el camino o vía para alcanzar esa armonía de la energía física y mental, en definitiva, algo así como la unificación de la energía en un solo camino.

Es un arte marcial reciente, comparado con las disciplinas clásicas de algunas de las cuales se nutre (estudio de la lanza, la bayoneta, el arco, el sable, escuelas de mano vacía como ju-jutsu, tai-jutsu ..)

Básicamente, el Aikido se trata de salir de la línea de ataque para dominar el centro del atacante, utilizando su propia fuerza controlarlo o proyectarlo neutralizando su intención agresiva dándole la oportunidad de retractarse por dicha actuación.. (es por ello que se considera un arte disuasorio idóneo para fuerzas de seguridad). Lo podríamos sintetizar en un arte que trata de reciclar una energía negativa que viene en forma de agarre o ataque y reconducirla, transformarla en positivo sin causar daño! Aquí está la esencia y particularidad del Aiki.

 
“ El Aiki no es una técnica para combatir o vencer al enemigo, va mucho más allá, es el modo de reconciliar el mundo y de reunir a todos los seres humanos en una gran familia....”
 
Los ejercicios previos a la práctica de las técnicas (aiki-taiso) propiamente dichas, en su conjunto psico-físico se desarrollan en un ambiente de calma que favorece la introspección. Se calientan los grupos musculares, se realizan estiramientos, ejercicios de flexibilidad...y, por supuesto, se concede mucha importancia a la respiración, coordinándose con los movimientos del cuerpo, puesto que en ella reside el secreto de la utilización de la energía por parte del ser humano.
Todas las prácticas o ejercicios parten de supuestos y variados ataques, ejecutados con la máxima realidad, ante los que es necesario reaccionar con rapidez y serenidad a un tiempo utilizando las técnicas aprendidas del Aikido que van desarrollando el sentido de la distancia, el ritmo, la unificación con la fuerza del oponente...Con el tiempo, la práctica seriamente realizada descubre nuestras auténticas posibilidades y limitaciones y evidencia lo peligroso que puede resultar la aplicación incontrolada de estas técnicas, por lo que poco a poco el sentido de la agresión física se va transformando en algo inaceptable para solucionar cualquier problema o disputa, al mismo tiempo, que también va desapareciendo el temor de ser agredidos por la seguridad que la práctica deposita en nuestro subconsciente.
 
 
“Tenemos que defendernos, defendiendo a nuestro enemigo, dándole así la oportunidad de retractarse de su actuación”
 
Constituye una excelente actividad física por cuanto su práctica se adapta a la edad, sexo, ritmo o facultades de cada individuo.
No se realizan esfuerzos con cargas, no se retiene la respiración, no se compite contra nadie (cada uno trabaja para mejorarse así mismo) por lo que no hay sobreexcitación nerviosa; en cambio, se mejora la velocidad, agilidad y coordinación de todas las partes del cuerpo; se hace un uso muy racional y justo de la fuerza utilizada (rechazando todo gesto inútil); hay un aumento de la resistencia física del organismo y de la capacidad pulmonar al ser unos movimientos muy activos...las articulaciones adquieren una gran flexibilidad y fortaleza...Y, como arte marcial tradicional, todo ese sentido de etiqueta, actitud, autodisciplina, respeto por uno mismo, por el profesor y compañeros, siendo amable, pone en práctica los principios de colaboración mútua dentro del aprendizaje, para después trasladar eso conceptos a su vida cotidiana, su casa, su trabajo, sus amigos...
 
 
“El Aikido no es la oposición de dos fuerzas materiales, en la que la mayor se impone a la menor, sino la perfecta asociación de dos estados de espíritu diametralmente opuestos, en el que uno de ellos de naturaleza benéfica vencerá iluminando al adversario...”
 

En esencia, el Aikido es un exponente moderno de las artes marciales japonesas (Budo). Es ortodoxo en el hecho de que hereda la tradición marcial y espiritual del antiguo Japón, pero esto no quiere decir que el Aikido continúe ciegamente la tradición de las antiguas artes de combate conservando y manteniendo simplemente su forma original en el mundo moderno.
 
Paralelamente a este mundo moderno, el Aikido tradicional se niega a convertirse en un deporte competitivo y rechaza todo tipo de actuaciones que incluyan las divisiones por pesos, las clasificaciones basadas en el número de victorias y la recompensa a los campeones (como pueda suceder en el Karate o Judo). En cambio, permanece fiel a la intención original del budo: el entrenamiento y cultivo del espíritu. es liberarse del yo,  y hallar así lo auténticamente humano.
 
Contrariamente a la apariencia suave que se ve en las demostraciones públicas (muestra del entrenamiento constante), el Aikido puede, en realidad, ser «duro», vigoroso y dinámico, con fuertes presas de muñeca y golpes directos (atemi), y, a pesar de lo que uno pudiera creer, contiene diversas técnicas devastadoras, especialmente las destinadas a desarmar y someter al enemigo.
 
Después se sentirá perplejo al descubrir lo complicado y difícil que resulta, en el nivel de principiante, ejecutar las técnicas y movimientos básicos, como las caídas (ukemi), la distancia adecuada (ma-ai), entrar (irimi) y otros movimientos corporales (tai-sabaki). El hecho es que el cuerpo entero, no solamente los brazos y las piernas, se debe mover continuamente de forma coordinada, y esto debe hacerse con rapidez, vigor y potencia, y, a fin de actuar suave pero rápidamente, se requiere un extraordinario grado de concentración mental y de agilidad, de equilibrio y reflejos.

Para todo ello, se requiere una rigurosa búsqueda personal, alimentada por el entrenamiento paciente y constante alejándose de toda atmósfera competitiva y de combate, donde la fuerza bruta domina y el objetivo supremo es la victoria a cualquier precio.

Hoy en día existen numerosas organizaciones o estilos de Aikido que pueden darle una respuesta a sus inquietudes personales. Recuerde que el Aikido no es de nadie, y es al mismo tiempo de todos, así que nadie tiene la verdad absoluta! ..o, perdón, la única persona que tenía esa verdad, era su fundador que para eso creó su arte compartiéndolo de forma tan generosa con todo aquél que quisiera acercarse.

 
Importancia de la Etiqueta personal

La postura seiza de sentarse, una civilizada costumbre ceremonial entre los japoneses desde tiempos antiguos, es la fuente de la etiqueta natural .Una vez que esta postura se convierte en un modo natural de sentarse, como se requiere al principio y al final de cada clase de Aikido, conduce por sí sola al desarrollo de una adecuada etiqueta. Desde tiempos antiguos ha sido una máxima del budo: «Comienza con la etiqueta y termina con la etiqueta.» La etiqueta que se enseña en Aikido -respeto mútuo, consideración por los demás, aseo- no se les impone a los alumnos mediante adoctrinamiento o amenazas, sino que es la consecuencia natural de una mentalidad abierta para el aprendizaje.
 
En un ambiente de entrenamiento exento de distinciones de edad o sexo crecen el respeto mútuo, la comunicación y el espíritu de ayuda. Los niños aspiran a alcanzar el nivel de los jóvenes, los jóvenes emulan el dominio técnico de los adultos, y los adultos respetan la perspectiva y los fluidos movimientos de los mayores. Lo contrario también sucede: los mayores se sienten estimulados por el vigor de los adultos jóvenes, éstos absorben la energía de los muchachos, y los muchachos se acuerdan de la mente de principiante de los niños, con su apertura y vehemencia. De tal intercambio circular crece el poder que nace de la actividad armoniosa, y que conduce también al sentido del decoro y de la etiqueta basados en el respeto mútuo.

 

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